sábado, 29 de julio de 2017

Denia

    Cuando dibujé estas cosas ya tenía en la cabeza que desde la playa me tenía que ir a un quirófano a que me abrieran los lomos para lijarme el canal de varias vértebras y ponerme medio quilo de ferralla para apuntalarme el espinazo. No es que me pasara por la cabeza que ya no iba a volver por estos sitios ni por otros parecidos, pero tampoco sabía ni cuándo ni cómo, de forma que carpe diem y que nos quiten lo bailao. Cuando escribo ésto ya ha pasado todo y, después de una semana criminal, otra de aullido en aullido y dos más llevaderas, ya puedo andar, sentarme un rato largo, incluso cuando me levanto temerario ir al bar de la esquina a tomar un café. Desde aquí mi reverente agradecimiendo para los neurocirujanos Campos y Calatayud, al resto del equipo médico y enfermería de la clínica.
   Estando aún ingresado pude leer una demagógica y mezquina noticia de un periódico de Murcia en la que el plumilla se escandalizaba de los a su criterio desmesurados sueldos que percibían en la Arrixaca algunos profesionales como éstos, en realidad nada disparatados. Sigue habiendo imbéciles que valoran más un gol que la salud o la vida. O un córner que la educación de sus hijos, llegando a apreciar más un buen pase al hueco que el que un bombero los saque a cuestas del balcón en llamas. Tal vez merecerían que los dejaran allí. Una muestra más de que nuestra sociedad ha perdido el oremus, una sociedad que cree ser mejor que quienes la gobiernan, aunque cada minuto les indica de esta forma tan brillante sus prioridades.
 
    Eso sí, me moví poco. Desde esa terraza a tres metros del agua, viendo, escuchando y oliendo las olas, puede uno pasar horas y horas, delde el amanecer hata la puesta del sol, ayudado de cuando en cuando por una cerveza o un vino blanco fresco. Echarle pan a los peces y ver volar las gaviotas o regresar los barcos de pesca con prisas por ser los primeros en llegar a puerto. El ferry de Balearia lleva menos prisas, los de las piraguas ni te cuento. Casi las que llevo yo. De todas formas lo mejor es ver amanecer o ponerse el sol desde aquí, ambas cosas sobre el mar.  Buen tino tuvieron los griegos de Masalia (la actual Marsella) al sentar aquí sus reales, en su Hemeroscopeion ( Ἡμεροσκόπειον), "la que mira el día", aunque en realidad lo que querían mirar bien desde aquí era el paso de los atunes en desordenada formación para llenar su factoría y sus estómagos. Los romanos, que heredaron el negocio después de tener us más y sus menos con los cartagineses, la llamaron Dianium, dedicando el santuario de Artemis Efesia de los masaliotas a su equivalente diosa Diana. En todo caso es ciudad con más de dos mil años aunque parece recién hecha.
    Con acuarelas sobre Garzapapel o con pluma y tintas o grafito acuarelable en un bloc de Canson Mix Media de 18 x 25, vuelta una y otra vez a dibujar ese paisaje cambiante o algunos detalles del mismo, una roca, una palmera...
   Aunque, como siempre, hice muchas fotos, estos dibujos son mejores para recordar qué pensaba y sentía uno en esos momentos agradables. Aquí quedan.



miércoles, 5 de julio de 2017

Cazorla - Hornos. 2017


   De esta salida a Cazorla, con base en Hornos, los acontecimientos han llevado a retrasar su publicación en el blog. Un fin de semana en un nido de águilas, con visitas al río Borosa, al nacimiento del Segura y a otros parajes de la zona. Muchas fotos y algunos dibujos, muchos de ellos desde la terraza del Mirador donde pasamos la mayor parte del tiempo, viendo llover, tronar, amanecer, ponerse el sol, cambiar de colores y luces este paisaje majestuoso entre pinos, olivares y cultivos alrededor del embalse del _Tranco, ahora con la mitad de agua que el año pasado por estas fechas.
   Después de estos días, otros pocos en la playa, una boda en Alpera y una visita al quirófano a arreglarnos el espinazo, poniendo tornillos a algunas vértebras díscolas. Ahora recuperándonos con mucha paciencia. Pronto habrá que animarse a volver a coger pinceles y lápices aunque sea a partir de estas y otras fotos que guardamos de las últimas salidas, esperando poder pronto dibujar las cosas en su sitio.






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domingo, 4 de junio de 2017

Alpera, mayo 2017


   Volvimos a Alpera tres días. El primero para poner música a la jubilación de Rafa Soler, más que un amigo. No hay aquí espacio para contar los buenos ratos que juntos hemos pasado. Miles. Cierto es que también ha habido alguno más que malo. La vida tiene de todo y no siempre es justa. A veces es trágica. Como en las adivinanzas, en ciertos momentos lo principal no se nombra, aunque sobrevuele todo el tiempo.
   Pasamos en la celebración el hambre y la sed habituales en Alpera, hasta el punto de tener que quedarnos otros dos días para intentar acabar con las viandas y bebidas preparadas para la ocasión, intento inútil.
   El campo estaba hermosísimo, que ha nevado mucho y llovido, había flores y agua por todos sitios y recorrimos los parajes de los alrededores para hacer fotos y algún que otro dibujo, como los que se muestan aquí.

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miércoles, 10 de mayo de 2017

Elche. III Encuentro Dibujantes Urbanos


   Por segundo año hemos ido a Elche al III Encuentro de Dibujantes Urbanos, convocados por los amigos de Cuadernos Viajeros. Eso es señal de que el año pasado lo pasamos bien allí y predispone para volver el año próximo. Unos cuantos colegas de Ladrones de Cuadernos nos sumamos a esta convocatoria, Joshemari Larrañaga, Juananto, Joaquín González Dorao y yo mismo, junto con Dolça y Juan Llorens, que están en los dos grupos y viven allí. Ellos y los demás amigos de Elche, muchos y buenos, fueron excelentes anfitriones y siempre estuvieron con nosotros, llevándonos a donde no podíamos dejar de ir. A dibujar y a comer, que este oficio requiere no desatender la hidratación ni caer en el desmayo. No corrimos ninguno de esos peligros y hubo mil y una ocasiones para charlar, dibujar, tomar algo y, sobre todo, manosear los cuadernos ajenos, verdaderas joyas. Eso sí, echamos de menos la presencia de algunos compañeros de Ladrones de Cuadernos que suelen acudir a estos eventos, pero las circunstancias o la distancia no siempre lo permiten. Urumo, Oñera, Lorés, Abadía, Angels Prat, entre otros y otras, estuvieron presentes en nuestras conversaciones. También es cierto que, entre tanta gente, no llegué a coincidir con otras personas que conozco y que allí estaban. Otra vez será.


   En estas fotos vemos algunos de esos momentos, dibujando o reponiendo fuerzas en alguno de los bares pintorescos y castizos a los que nos llevaron, viendo a Juan retratando a todo lo que se movía, más si lo hacía con garbo, aunque tampoco hacía ascos a dibujar nuestros quejumbrosos organismos.
   Tanto el entorno como el clima eran propicios, y pudimos disfrutar de las terrazas, de estar siempre al aire libre y de los encantos de Elche, que no son escasos. Ya de camino empezamos a hacerlo, pasando por la playa del Pinet a comer viendo las olas y a hacer el primer dibujo para ir entrenando.
   Tras la acreditación y primeros saludos y abrazos en La Calahorra, a Juan y a Ramón, nos ponemos a dibujar que ya el entorno estaba lleno de gente cuaderno en mano. Aquí van algunos de los dibujos que hicimos estos días, aunque lo más importante fue la convivencia con los amigos, el disfrute de ver sus cuadernos, dibujar juntos, ver cómo cada uno hace cosas tan diferentes de un mismo tema y admirar las genialidades que abundan. Sería injusto nombrar solo a algunos de ellos, pues hay colegas de quien seguimos uno a uno los dibujos que hacen, como Joshemari Larrañaga o Juananto. De otros amigos, como Juan Llorens, no es frecuente tener en las manos sus dibujos, o de Joaquín Dorao que hizo el más hermoso de los cuadernos sobre Elche y de quien nos trajimos un libro sobre sus dibujos de Croacia. Ver dibujar a Juan Espallardo, algo que hay que hacer sin parpadear o te pierdes el proceso, dada su rapidez vertiginosa en dibujar retratos en papel con tinta china. Conocer a Demetrio, como Juan, artista del cómic que ha ilustrado a Tarzán, Hazañas Bélicas y muchas publicaciones principalmente en USA y en Reino Unido. O a Manolo, otro personaje de interés turístico y cultural. 
   Como digo, imposible nombrar a todos los cuadernistas que allí nos reunimos, cerca de 200, pero fue un placer encontrarse con algunas personas que conoces virtualmente de los blogs, como Lola Clement, o que te conocen por visitar el mío y aprovechan para saludarte y comentar algo sobre él, cosa que se agradece.
   Dibujamos algunos rincones de esa zona pues había tema suficiente como para no abandonarla, con sus monumentos y plazas cercanas, palmeras, iglesias y terrazas, naranjos y paseantes, con las luces y sombras de la mañana o la calidez de las luces del atardecer, con una temperatura que tras el largo invierno invita a estar en la calle hasta altas horas.

   Al final, el domingo, se cuelga una colada de dibujos, algunos de los muchos que se hicieron, pues los cuadernos pesan mucho, ocasion para volver a hacer algunos últimos apuntes del encuentro.


domingo, 30 de abril de 2017

Árboles. Texturas en acuarela I


   Pintando árboles te encuentras con el reto de conseguir de alguna forma reflejar la textura de la corteza de sus troncos y ramas, de la tierra, así como sugerir una infinidad de hojas que es poco recomendable intentar reproducir, además de imposible. Buscando y estudiando cómo otros lo han solucionado y, lo más importante, probando una y otra vez, vamos acercándonos a conseguir algunos resultados.
   En este tronco seco de un olmo de San Gregorio, en Alpera (Albacete), la textura se afronta a base de baños superpuestos y pinceladas finas siguiendo el relieve de la corteza, más que aprovechando la textura del papel o la granulación de los pigmentos, salvo en la zona de las sombras en que sí se recurre a ambas cosas.
   Un papel con grano grueso y pinceladas con el pincel bastante seco a lo largo de troncos y ramas permite sugerir la rugosidad de la corteza de esta encina, sus grietas y su aspereza.

Ampliando se ve mucho mejor.
    En la siguiente acuarela, el papel es satinado y de nuevo, baños superpuestos y trazos finos de pincel sugieren la piel de esos troncos, no demasiado rugosos. Ni siquiera se ha recurrido a pinceladas rápidas casi en seco que hubieran quedado excesivamente agresivas en este caso.


   En la siguiente acuarela, un paraje de Bienservida, en Albacete, se amplía el repertorio de recursos. Papel de grano medio, en este caso Garzapapel, pigmentos Primatek de Daniel Smith, que ya de por sí ofrecen un granulado muy evidente. Rascados en húmedo, trazos finos sugiriendo esas fibras de la corteza que se desprende del tronco, brochazos rápidos con mucho pigmento y poca agua...




   En la siguiente acuarela, otro árbol de Bienservida (Albacete). Prácticamente iguales recursos que en la anterior, incluso el mismo papel y pigmentos. Se recurre a otra técnica que no en todos los papeles funciona: rascados en seco, con un cutter o algo afilado. Al trazarlos a lo largo del tronco, siguiendo sus formas, se aporta un relieve y una textura especialmente controlable. En los árboles del fondo, una pincelada rápida, casi en seco, deja visible el grano del papel, blanco, sin pigmento. Eso añade una rugosidad muy fuerte, que queda así en las zonas de luz o que se cubre con una capa diluida bastante transparente que deje traslucir esos brillos.


   En esta acuarela de un pinar en Bienservida (Albacete), se recurre a todo lo anterior. Como el tamaño es mayor se aprecian menos en pantalla  los rascados y granulado de los pigmentos.
   Para no alargar excesivamente esta entrada, se deja para la siguiente una explicación más detallada de cada uno de estos recursos, tratando al tema con algo más de estructura y orden.